Vendiendo el sueño
Mayo 19, 2008 –Por fin vas a sacar tu producto. O quizá ya esté ahí fuera. Lo que más necesitas ahora no es financiación. No es desarrollo, ni recursos humanos. En ningún MBA encontrarás esta habilidad: enseñar.
Sea lo que sea lo que estás lanzando, otro lo habrá hecho antes. O lo hará pronto: más barato, más rápido, mejor. Muchos no podremos pagar la publicidad para darlo a conocer.
Pero no buscas engañar a alguien para que pruebe un producto en el que ni siquiera crees. Ésta es tu gran ventaja sobre los mayores y más potentes competidores: tu convicción.
Porque crees en tu idea, puedes evangelizar sobre ella. Y enseñar es la mejor forma, hoy en día, de hacer marketing.
El mercado es un aula inmensa. Aquellos que enseñan tienen las mejores papeletas para conseguir que los demás también sientan pasión por su idea. Y aquellos con seguidores apasionados no necesitan una campaña porque tienen usuarios evangelistas haciendo lo que los evangelistas hacen: hablar de su fe.
Pero es imposible sentir pasión por algo hasta que estás arriba en la curva de habilidad con el producto, donde están los retos.
Nadie se entusiasma hasta que alcanza un punto en el que quieren crecer de una forma que él encuentra motivadora. Sea mejorar en un juego o salvar el mundo, debe haber un objetivo y un camino hacia él. Si queremos fomentar la pasión, debemos permitirla. Y la única forma de hacerlo es enseñando.
Un buen ejemplo de cómo permitir esto en un producto es un programa de ordenador. ¿Por qué hacer una distinción entre usuario básico y avanzado? Si permites a tu cliente aprender cómo manejar mejor el programa estás mejorando su experiencia más de lo que lo haría cualquier otra mejora. Permite a tus usuarios aprender.
